La disciplina positiva es un método de enseñanza que trata de educar a través del cariño mejorando la autoestima de los más pequeños y enseñándoles a respetarse.
No hay niños buenos o malos, tan solo hay… niños. Como padres podemos sentir miedo e impotencia hacia la educación integral de nuestros hijos, los estilos de crianza son importantísimos para el desarrollo de un niño pues logran que este adopte o no, las normas sociales que concebimos como lo normal.
Estilo autoritario: impone, exige, no tolera el error, genera miedo en el niño e impide su autonomía, suele generar aislamiento y problemas de autoestima en el niño.
Estilo permisivo: identificado con la sobreprotección, los padres identifican las necesidades del niño antes de que las verbalice y éste se acostumbra a tenerlo todo y sin esperas, el niño que se vuelve dependiente exigente y altamente disruptivo.
Estilo ambivalente: sin normas ni reglas fijas, dependen de factores que el niño no maneja ni puede controlar, no se responde siempre a sus necesidades y cuando se responde puede no tenerse en cuenta la demanda del niño. Estos entornos familiares suelen ser altamente dañinos.
Estilo equilibrado: dialogantes pero sin permitir en exceso, negociadores, permiten que el niño actúe en función de sus capacidades y le animan a ello. Responden a las necesidades del niño generando un ambiente de confianza y positividad.
Los psiquiatras Adler y Dreikus desarrollaron en la década de 1920 la propuesta educativa de la disciplina positiva, fundamentada en 4 pilares:
P P C N
Permite, Protege, Comprende, Negocia
Para poder permitir primero debemos saber qué es lo que nuestro bebé puede hacer en cada momento, aquello para lo que ya está maduro; por ejemplo: a qué edad aprenderá a caminar, hablar, cuándo podrá jugar con juguetes de forma simbólica, etc.
Nos cuestionaremos en este momento si lo que el niño hace es “normal” y necesitaremos el apoyo de la escuela para estar seguros.
Relacionado con la permisividad. Busca proteger pero no sobreproteger al ser extremadamente cuidadosos y tener una percepción del niño por debajo de sus capacidades. Debemos estar disponibles para ellos, accesibles, tienen que notarnos cercanos, en definitiva ser base segura para ellos.
Establecer un apego con el pequeño será la forma más efectiva de hacer que se siente protegido.
El apego se desarrolla con las figuras parentales y se establece antes del 8-9 mes de vida, siendo la capacidad para generar confianza.
Miraremos al niño desde la perspectiva que nos corresponde a cada uno, el padre o la madre como adultos y el niño como niño, cada uno con sus capacidades. El niño es un adulto en proceso, pero si juzgamos sus acciones como las de un adulto tenderemos a desesperar, caer en el enfado y la rabia, en la acción sin reflexión que de seguro nos llevará a la tristeza y la culpa.
La clave es la empatía. No comprender al pequeño nos puede llevar directamente al camino de la confrontación y a la sensación de estar en una batalla permanente con el chiquitín.
¿Debemos poner límites a la conducta de los más pequeños? sí, sin duda alguna; límites establecidos que tengan en cuenta las necesidades y capacidades de un niño. Para generar un estilo comprensivo y tolerante se deben ofrecer alternativas a los peques, de ahí la diferencia entre límites y normas, estas últimas mucho más rígidas y por lo tanto no permeables. Además, se debe explicar y exponer claramente qué pueden ganar o perder dependiendo de su conducta. Deben ser formulados de forma general y despersonalizada. Veamos la diferencia:
MAL: “Tienes que comerte el pollo porque lo digo yo, si no, no te dejaré ver la TV”
BIEN: “Los niños que no terminan su cena no pueden ver la TV, si no te acabas el pollo no podrás verla”.
En casi todos los casos en los que nos encontramos con niños que se portan mal, que desobedecen, o que no hacen caso, se da una característica común: son niños sin limites a los que nunca se les dice NO.
Las normas o límites sirven para decirle a nuestro hijo lo que está bien y lo que no, y por tanto sirven para que el niño sepa lo que se espera de él en cada momento.
En las escuelas infantiles Nemomarlin se trabaja la «disciplina positiva» con el objetivo de conseguir un desarrollo positivo y sano de su autoestima.
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